Debajo de la alfombra de mi pecho redoblan los tambores de tu voz, calmante de mi paranoia abandonada.
Guardadas en mis metáforas las ráfagas de tus fantásticas historias, heroínas de tus miedos y culpables de mis sueños ilimitados…, tu campo de fantasmas, tu memoria y mi sonrisa extasiada.
El siglo enriquecido por la existencia colmada de valentía que le brindaste. Tu risa tan estruendosa y desbordada como tus lágrimas de amor.
Tus enormes manos protectoras de posibles persecuciones… guiando las mías.
Extraño tu cama y aun siento tu olor. Recuerdo tus palabras y tu bello rostro. Revivo aquella última vez que pude ver tu piel.
Sonrío con las memorias de nuestro compartido 28, tus clásicas frases ante mi dedicación y tu admiración hasta el final por el ingenio en mí que nadie te pudo discutir.
Por tus últimas palabras, por tus postreros suspiros, por tu fortaleza ejemplar, por tu misericordia, por tus manos en mi pelo y tu elegancia, por tus visitas al colegio cuando imaginabas que lloraba, por tus carcajadas… GRACIAS!